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VICTIMITIS AGUDA

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Hace unos díasdurante una serie de dinámicas dentro del Programa de Liderazgo, que impartimos en Avante Seminars,vivimos una interesante experiencia mientras una persona guiaba a otra. Caminaban en parejas, brazo a brazo pero una llevaba los ojos vendados.No había caminos trazados pues la travesía se realizó al pie de South Mountain por lo que solo las piedras y cactáceas adornaban el árido terreno.Solo unapersona del grupo resbaló y cayó; por fortuna ni siquiera se rasguñó, peroel hechofue de profundo significado. Ella comentó que quiso ir más rápido y no midió las consecuencias, al caer se dio cuenta que podía levantarse y seguir caminando. Sin embargo para quien la iba guiando, la experiencia fue dolorosa. Se sintió culpable porque: “Al dejarla caer le había fallado porque su compañera había confiado en ella a ciegas”.

Es interesante confirmar que las interpretaciones que hacemos del mismo hecho son diferentes. Para unas personas las caídas son oportunidades, para otras son fracasos que llevan arrastrando a lo largo de las horas, los días e incluso los años.

Sinos damos a la tarea de reflexionar sobre lo que nos causa tristeza, frustración, ira, enojo, decepción, nos daremos cuenta de que la razón principal es que tendemos a sentirnos victimas.

Sufrimos de “victimitis aguda” un padecimiento que está a punto de convertirse en epidemia en estos días de cambios en la economía. Lo cierto es que cada vez que cometemos un error tenemos la posibilidad de verlo desde al menos dos ángulos: como víctima o como responsable.

En muchas ocasioneslos padres nos sentimos totalmente culpables por las decisiones quetoman nuestros hijosy nos duele ver que comenten erroresaún cuando abrimos caminos para que su paso sea más liviano. Caerse no es grave pues lo importante esque cada vez que cometemos un errortenemos mayoresposibilidades de aprender.

La señoraMaría Concepción me llamó para pedir apoyo. Según ella, sobreprotegió a su única hija y ahora la joven está tomando decisiones equivocadas al enamorarse, descuidar la escuela y salir embarazada. El interés por ayudar a su hija es genuino. Sin embargo le expliqué a María Concepción que dejara de castigarse y sentirse culpable de los actos de su hija, pues aunque su responsabilidad es guiarlapor los mejores senderos, ella no puede evitar que su hija caiga y cometa errores. Es parte del proceso de maduración, un proceso que nunca termina.

Cuando realmente estamos interesados en el crecimiento emocional de nuestros hijos y de nosotros mismos, debemos entender que nuestra responsabilidad también tiene límites. A pesar de todo el amor y comprensión que podamos entregar, es prácticamente imposible no cometer errores.

Hay que darnos la oportunidad de hacer de lado el miedo, de enseñar a nuestros hijos el buen camino y también a mostrarles que lo importante no es cuántas veces se caen, sino las veces que pueden levantarse y continuar la senda de su propio crecimiento personal.

La lección también aplica para nosotros, pues el que enseña, aprende dos veces.

Mirna Pineda

Periodista e Instructora de Liderazgo Y Desarrollo Personal

Mirna.pineda@avanteseminar.com

480 232 8292

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